Excelencia operacional: una responsabilidad del Comité Ejecutivo
Por qué la excelencia operacional no depende de herramientas, sino de cómo se gestiona la organización
MBA por el IESE Business School
Director Unidad Industrial de Apsoluti
La excelencia operacional no es un asunto técnico de aplicar herramientas ni un problema de eficiencia de procesos puntuales. Es, ante todo, una responsabilidad del Comité Ejecutivo. Cuando una organización no logra resultados sostenidos, la causa rara vez está en la falta de esfuerzo operativo; suele estar en cómo se toman las decisiones, cómo se alinean las personas y cómo se gestionan los compromisos.
Una empresa alcanza la excelencia cuando es capaz de convertir sus intenciones en resultados reales, visibles y sostenidos en el tiempo. Y eso no se logra con visitas al genba, campañas motivacionales, programas del mes, ni con estructuras formales, sino con buena gestión: foco, conversaciones claras y compromisos bien asumidos.
Desde esta perspectiva, la excelencia se apoya en cuatro focos clave que deben ser liderados desde el máximo nivel de la organización.
- Elegir con claridad dónde actuar y qué mejorar
El primer acto de management no es ejecutar, sino decidir.
Todas las organizaciones tienen más oportunidades de mejora que capacidad real para abordarlas. Cuando el Comité Ejecutivo no define prioridades claras, la organización se dispersa: demasiadas iniciativas, demasiados objetivos, demasiadas conversaciones abiertas sin cierre.
La excelencia comienza cuando la dirección es capaz de:
- Identificar las pocas áreas que explican la mayor parte de los resultados.
- Diferenciar los problemas estructurales de los coyunturales.
- Decidir conscientemente qué no se va a hacer.
Este foco no se impone con documentos, matrices X o plantillas sin sentido, sino con conversaciones claras que alinean a la organización sobre qué es realmente importante y qué no lo es. Sin una decisión explícita del foco, no hay compromiso posible.
- Definir acciones que generen compromisos reales
Una vez definido el objetivo, el reto no es planificar más, sino lograr acuerdos claros sobre qué se va a hacer.
Muchas organizaciones producen planes extensos muy bien desarrollados y detallados que generan una sensación de control, pero pocos resultados. El problema no suele ser la falta de análisis, sino la ausencia de compromisos explícitos.
Las acciones eficaces no son solo técnicamente correctas; son aquellas que:
- Atacan lo esencial.
- Están alineadas con la realidad operativa.
- Tienen un responsable claro.
- Se expresan como compromisos asumidos, no como tareas asignadas.
La gestión eficaz no se basa en listas de acciones, sino en conversaciones para la acción donde se acuerda qué se hará, quién lo hará y para cuándo.
- Convertir compromisos en resultados relevantes
Aquí se produce la mayor brecha entre intención y realidad.
Muchas empresas tienen planes bien pensados, pero resultados mediocres. En muchos casos, porque los compromisos asumidos apuntan a mejoras pequeñas, repartidas en demasiados frentes: avances marginales que no cambian el desempeño global.
La excelencia operacional exige otra forma de gestionar:
- Identificar las pocas palancas realmente decisivas.
- Concentrar en ellas la atención directiva.
- Sostener conversaciones exigentes sobre resultados, no solo sobre actividad.
Un enfoque verdaderamente emprendedor no se conforma con cumplir planes; busca lograr resultados que marquen una diferencia clara para el negocio.
- Consolidar los resultados mediante nuevas reglas de juego
Para un Comité Ejecutivo, lograr mejoras puntuales no es suficiente. La verdadera prueba de la excelencia es que los resultados se mantengan sin necesidad de control permanente.
Muchas organizaciones dependen del empuje de algunas personas o de momentos de alta exigencia. Cuando eso desaparece, los resultados se diluyen.
Consolidar implica:
- Convertir los nuevos niveles de desempeño en acuerdos estables.
- Integrar las mejoras en la gestión cotidiana.
- Desarrollar hábitos, rutinas y capacidades que eviten la regresión.
- Asegurar que los compromisos se renuevan y se cumplen en el tiempo.
Cuando esto ocurre, la mejora deja de ser un esfuerzo adicional y pasa a formar parte de la forma normal de trabajar.
Excelencia operacional: gestión basada en foco, conversaciones y compromisos
Desde la perspectiva del management, la excelencia operacional no es un programa con principio y fin. Es una capacidad sostenida de la organización para:
- Elegir con claridad dónde poner el foco.
- Mantener conversaciones que generen compromisos reales.
- Convertir esos compromisos en resultados relevantes.
- Consolidar los resultados mediante nuevas reglas de funcionamiento.
Cuando estos cuatro focos están bien gestionados, la organización avanza de forma consistente. Cuando uno falla, puede haber mucha actividad, pero no hay excelencia.
La excelencia operacional no se delega. Se gestiona y se lidera cada día.
Un saludo y hasta la siguiente entrega..
Referencias:
Gestión Centrada en Compromisos. Yolanda Acosta Urrego
Gestión Eficaz – Giorgio Merli. Editorial Diaz de Santos, Barcelona.
